La compañera de trabajo está caliente


El autoestopista


Mujeres en el poder


La jefa dominante


El ejército te hará un hombre


El poder del uniforme


Las ladronas salidas


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Esta historia contiene muchas situaciones que a menudo se consideran tabú.
Estos elementos incluyen: sadomaso, ataduras, sexo forzado y varios otros.
No pretende ser una justificación del sexo forzado (violación) de ninguno de
los modos en que pueda aparecer.
La violación es un delito y en ninguna circunstancia puede tolerarse.
Sin embargo esto no impide que muchos hombres y mujeres tengan las llamadas "fantasías de violación".
Las "fantasías de violación" no significan el deseo de violar a alguien sino el deseo de ser forzado a tener trato sexual con alguien con quien, en todo caso, te gustaría ir a la cama.

Mujeres en el poder 
(traducido del inglés al español por GGG con mis propias modificaciones)

Corre el año 2010.
Tras intensa investigación el ejército americano ha conseguido cumplir un viejo sueño de la humanidad: al fin viajar en el tiempo se habría hecho posible.
Antes se realizan algunos experimentos menores en que se envían un hombre durante una semana al futuro.
Una vez comprobado que efectivamente ha visto el futuro se decide efectuar un experimento mayor.
John, un americano de 22 años, es enviado al año 2360, con destino : Nueva York.
Con esto el ejército americano espera conquirir importante tecnología militar del futuro.

"John, permíteme recordarte una vez más a tu misión importante," el coronel habló.
"Tu primer objetivo es recoger en lo posible la información, queremos aprender tanto como podamos sobre lo que entraña el futuro : tanto a nivel militar como económico."
"Tu misión durará una semana, después de ésta serás devuelto automáticamente por medio del brazalete de tu muñeca."

John dio la señal de que había entendido todo bien y entró en la extraña máquina.
Empezó la cuenta atrás, una voz computarizada enumeradó fríamente los números: "10... 9... 8..."
Llegó el momento.
John sintió un enorme pulso energético que elevó su cuerpo.
En una fracción de segundo la sala de control con los muchos militares había desaparecido, y fue reemplazada por una corriente de colores que pasaron por alto como un bólido.
En su brazalete pudo ver pasar por alto los años.
2060, 2070, ...
Mientras, parecía flotar en el vacío.
De repente el contador se detuvo en 2360: su destino.
La corriente de colores se paró tan abruptamente como apareció, y súbitamente cayó desde una altura de unos dos metros.
Cayó en hierba húmeda.
Se apretó inmediatamente contra la hierba y miró a su alrededor.
En su brazalete vi que estaba en algún parte de Nueva York y que eran las 3 de la tarde, hora local.

Parecía muy extraño, a una hora como las 3 de la tarde en un sitio tan concurrido como Nueva York no hubiera esperado encontrar una extensa llanura con hierba, más había pensado que encontraría un compejo enorme de calles y carreteras, que estarían rezumando actividad.
Como no podía percibir a nadie por ningún parte se puso en pie.
Hasta donde podía ver, el paisaje consistía en árboles y arbustos, parecía un gigantesco bosque.

Mediante su brújula pudo aclarar la dirección que debía tomar para llegar al sitio donde habría estado una vez el centro de la ciudad de Nueva York.
Entonces siguió esa dirección, después de haber grabado sus extraños resultados iniciales en la grabadora integrada en el brazalete.

Sin que él se diera cuenta alguien estaba vigilándole minuciosamente desde los arbustos.
"¡Mira, allí!", susurró Deirdre agitada a su amiga Roxanne.
Llenas de espanto las dos mujeres miraron al desconocido intruso.
Nunca habían visto esto en toda su vida, era un macho y andaba suelto sin más.
"Creo que haríamos mejor informando inmediatamente al cuartel general," dijo agitada Roxanne.
"Quizás se haya escapado", confirmó Deirdre.
"Pero parece tan salvaje, tan indómito", sugirió Roxanne.
"Sí, y lleva una ropa tan curiosa", siguió Deirdre.
Las dos chicas deliberaron un poco más y luego decidieron actuar por sí mismas.
En una vez precipitaron desde su escondrijo y atacaron a John por la espalda.
Con un solo movimiento rápido le empujaron al suelo haciéndole caer de bruces.
Ambas tías se sentaron con todo su peso sobre su cuerpo y antes de que se diera cuenta de nada de una manera o otra tenía atadas las muñecas.
A continuación se retiraron y le pusieron de espaldas para poder estudiarle mejor.

John miró atemorizado las caras de sus atacantes.
Le habían atado dos mujeres, y ¡vaya mujeres!
Ambas eran por lo menos de 1,95 m de estatura, y al contrario de lo que hubiera esperado no llevaban ropas futuristas sino más bien atavíos primitivos que parecían hechos de pieles de animales.
Una de las dos mujeres, que luego resultó llamarse Deirdre, tenía el pelo
rubio ondulado y largo que alcanzaba por encima de los hombros.
Su rostro contenía un precioso par de ojos verdes brillantes, que le miraban con curiosidad.
Tenía labios llenos, invitantes y hasta donde podía adivinar por sus ropas usaba unas preciosas copas C.
Debido a su enorme figura tenía naturalmente un par de largas piernas que su
atuendo dejaba al aire.
Tenía una figura magníficamente esbelta.
Estimó que debería ser una mujer al comienzo de la veintena.
Al lado de ella estaba otra mujer, que era al menos tan guapa como Deirdre.
Era por lo menos tan alta como ella, pelo negro azabache y rizado que le caía hasta los hombros.
Sus hermosos ojos castaños le miraban sorprendidos, pero vigilantes.
Parecía tener unos 25 años, y por lo que podía deducir de su atuendo una copa D.
Su cuerpo era muy musculoso y parecía muy fuerte.

Las mujeres empezaron a estudiarle más de cerca.
"Mira que traje tan extraña lleva", dijo Deirdre mientras palpaba el tejido de su camisa.
"Tal vez pertenezca a una división de crianza especial", intentó explicar Roxanne.
Mientras tanto Roxanne empezó a toquetar su cuerpo en busca de algo interesante.
En el bolsillo de su pantalón encontró de repente un mapa de los Estados Unidos.
Ambas chicas se quedaron atónitas cuando investigaron el mapa, no comprendían nada de esto.
Estaba lleno de grandes ciudades mientras que el mundo que conocían solo comprendía asentamientos en pequeña escala.
Aún más, el mapa parecía creado por un hombre cuando todo el mundo sabía que todos los científicos eran mujeres.
Además encontró un arma que inmediatamente confiscó.

Las dos chicas deliberaron entre ellas.
De la mano de lo que habían encontrado solo podían llegar a la sorprendente conclusión de que este hombre no era una versión especialmente clonada como todos los otros, sino un hombre normal, como los que enseñan los libros de historia.
Sin embargo estos se habrían extinguido hacía ya 200 años...
Solo había una manera de saberlo con certeza.

"¿Quién eres?", le gritó Roxanne a John con dureza.
"John Woods", dijo el joven soldado.
Las chicas se asustaron durante un instante.
Este hombre podía hablar, lo que confirmó inmediatamente sus sospechas: este hombre no había sido criado.

"Nos lo llevaremos a la cabaña, y después veremos que pasa", dijo Roxanne en tono autoritario.
Aunque se daba cuenta perfectamente que deberían entregarlo a la reina lo antes posible, había decidido por sí misma que no se perdería esta única oportunidad por nada.
Sentía un raro tipo de excitación que nunca antes había sentido.

Antes de que él pudiera objetar nada, Deirdre le amordazó y siempre con las manos atadas a la espalda le obligaron a caminar en la dirección de su cabaña.

Una vez allí le empujaron con rudeza en una cama hecha de maderas atadas.
"¡Y ahora vas a decirnos todo, empezando por tu procedencia!", soltó Roxanne.
Pero John no decía ni mu.
"Bien, has perdido la lengua, yo lo arreglaré enseguida", dijo ella en tono venenoso.
Fue a la chimenea que producía un agradable calor en la pequeña cabaña.
Cogió una barra y la puso allí y dejó que al otro extremo de la barra había una otra barra que se pusiera al rojo.
Mantuvo la barra al rojo muy cerca de la cara de John.
"Habla de una vez a no ser que te mutilea."
John no tenía otra opción y confesó toda la historia.
Que venía del año 2010, que había llegado mediante una máquina del tiempo.
Sin embargo no mencionó a propósito la funcción del brazalete.
Cuando Deirdre le preguntó qué era la funcción del brazalete dijo que era solo una joya de adorno.
Pero ella pudo comprobar, a partir de su reacción temerosa, que estaba mintiendo.
Luego le quitó el brazalete de la muñeca y hizo como lo iba a tirar al fuego.
"¡Noooo!" gritó él.
"Entonces tendrás que explicarnos para que sirve exactamente", sonrió malévolamente Roxanne.
Ahora no le quedaba más remedio que explicar su utilidad.
Las chicas rebosaban de alegría al saber para que servía aquel adorno.
"Lo recuperás si haces exactamente lo que queremos de ti, sino ¡lo echaremos al fuego!", amenazó Roxanne.
"No. Haré todo lo que me pidáis", gritó John aterrado.

Luego las chicas le explicaron como había evolucionado el mundo.
En los años cincuenta (2050) había estallado por enésima vez otra guerra mundial. Una vez luchada la guerra en todo el mundo las mujeres habían empezado a sublevarse.
Según este movimiento la causa de todas estas guerras estaba en la agresividad masculina y la única forma de acabar con ello era que las mujeres tomaran el poder.
En secreto se urdieron planes para una gran conspiración y un día llegó el momento.
Las mujeres se rebelaron en casi todas partes y se estableció una sociedad en que mujeres llevaron la batuta.
Además se tiró en lo posible la tecnología por la borda, porque según las autoridades la consideraban responsable en buena parte de la serie de guerras.
Toda la tecnología que se consideró polucionadora fue destruida y solo se conservó la parte que estaba al servicio de la sociedad.
Durante los primeros 20 años los hombres tuvieron una época difícil, pero se les toleró puesto que todavía eran necesarios para la reproducción.
Sin embargo en el 2070 resultó que las técnicas de clonación habían progresado tanto que ya no se necesitó más a los hombres para ese propósito.
La selección natural se sustituyó por una especie de aleatorización, de manera que ciertas características genéticas se seleccionaban arbitrariamente, de forma que a pesar de la clonación se formó una gran biodiversidad.
Desde ese momento se libró una intensa guerra hasta que la totalidad de la población masculina fue exterminada.
Después de unos treinta años se completó el proceso.
A partir de ese momento la población estuvo formada casi completamente por mujeres.
Aunque las autoridades supremas de cada país propagaron el amor lésbico muchas mujeres seguían necesitando acostarse con hombres.
Para cubrir esa necesidad se instalaron centros especiales de crianza, donde se producían "machos folladores".
Esta raza producida por ingeniería genética consistía en machos que no podían hablar y que tenían un cuerpo de macho perfecto, aunque eran muy estúpidos y dóciles.
Estaban encerrados en una especie de jaulas, día y noche puestos a disposición de cualquier mujer que estuviera cachonda y pudiera permitírselo.
También eran estériles de forma que no pudieran reproducir.
De esta forma varias generaciones de mujeres se habían acostumbrado a una imagen de sociedad sin hombres, excepto en un papel secundario para jugar juguetes sexuales.

De aquí el tremendo asombro de las dos mujeres cuando vieron pasear a un hombre salvaje.
Según sus conocimientos esto no era posible a menos que hubieran empezado un nuevo tipo de cultura.
El hecho de que pudiera hablar era también totalmente anómalo.

Pero no era la sorpresa la única sensación que habían sentido, ninguna de las dos había visto antes un macho salvaje, y el hecho de que tuvieran uno aquí directamente delante de ellas las ponía tremendamente cachondas.
Por primera vez estaban ante un macho que no cumplía con la imagen estereotipada a la que estaban acostumbradas.
Aunque también se habían puesto calientes cuando podían elegir a un macho del centro de recreo, nunca antes se habían sentido tan excitadas.
Sus pezones se erguían duros como rocas como si fueran pequeñas gomas de borrar.
Entre sus piernas se sentían empaparse, haciendo que el vello de sus chochos estaba poniéndose completamente mojado.
Los labios de sus coños estaban hinchados a tope, listos para una emocionante jodienda.

Ambos mujeres le dejaron tumbado en la cama y se retiraron a un rincón de la cabaña a deliberar un momento entre ellas.
"¿Estás tú también tan salida?" quiso saber Roxanne.
"No sé por qué, pero estoy sencillamente empapada", dijo Deirdre.
"Es porque es un macho salvaje, y no uno de esos débiles sustitutos", explicó Roxanne.
"Sugiero que nos lo quedemos todo el tiempo que podamos, mientras nos lo follamos", concluyó Deirdre.
Roxanne sonrió, ella no hubiera podido expresarlo mejor.

Se volvieron y se acercaron más.
"Hemos decidido que puedes seguir vivo mientras hagas lo que se te diga", le comunicó Roxanne.
En este punto Roxanne empezó a desnudarse despacito.
"Basta, no puedes hacer eso", dijo John.
"El comando supremo no me permite en absoluto mantener relaciones con la población de esta era".
Roxanne tomó el brazalete y lo mantuvo tremendamente cerca del fuego.
"Esto es lo que hago con tu comando superior si no obedeces", dijo implacable.
Un momento John tragó saliva, sin duda el brazalete no podría resistir el calor del fuego.
Un instante más y perdería toda posibilidad de volver a su propia edad.
"Vale, vale", suspiró John, "obedeceré".

Roxanne se quitó a continuación toda la ropa, mientras Deirdre de momento seguía observándoles.
Claramente las mujeres que habían refinado el procedimiento de clonación dominaban la materia.
John la observó detenidamente una vez más.
Era fuerte, con brazos y piernas musculosos, y para una mujer era muy alta, como 1,95m.
Sus grandes ojos castaños le miraban con expresión de calentura.
Sus labios redondos y llenos morían por su cuerpo.
El pelo negro azabache, rizado y largo aumentaba la tentación.
Los pezones grandes y sonrosados, en la cima de sus grandes pechos bien formados, se erguían orgullosamente en posición de atención.
Y por abajo él podía ver como estaba realmente de húmeda.
El vello púbico en su coño estrecho y exquisitamente formado estaba empapado.

Ahora ella inspeccionó a su indefensa presa.
John era extremadamente atractivo.
Era alrededor de 1,82 m de alto, tenía el pelo corto rubio, sin barba ni bigote.
Tenía una maraviollsa figura para un hombre : era fornido, no tenía demasiada grasa y parecía en buena forma.
Sus ojos azules miraban de frente, con inteligencia, y su pecho parecía bien construido a juzgar por lo que podía apreciar tras la ropa extraña.
Todavía tenía atadas las muñecas.

A continuación se puso directamente delante de él y le besó lujuriosamente en la boca.
Mientras sus manos se movían con vehemencia bajo su camisa, buscando su pecho peludo.
Lo encontró y disfrutó a fondo de la belleza natural de su cuerpo.
Le acarició la piel con sus uñas largas.
Tiró de su camisa, luego la desgarró y luego tiró los trozos junto a ella.

Deirdre seguía siendo espectador a distancia.

Roxanne le acarició el pecho con la lengua, mientras sus manos le acaricían el cuerpo.
Tomó un pezón en su boca y lo lamió rabiosamente.
Mientras tanto acariciaba el otro pezón con las uñas.
Pronto se pusieron duros los dos pezones y ella siguió chupándolos mientras le dejaba que le chupara un dedo.
Cada vez estaba más caliente.
Sus manos se deslizaron incontenibles abajo a sus pantalones, donde pudo sentir su dura polla a través del tejido.
Se la acarició provocadoramente, sin liberarla.
Él gemía con sus toques.
Frotó contra su glande a través del fino tejido, haciendo que su miembro se pusiera completamente tieso.
Hizo jirones sus pantalones, de modo que quedó tendido desnudo ante ella.

Estaba muy satisfecha con lo que veía.
John tenía algo por lo que se cobraba un extra en el centro recreativo: su polla era al menos de 18 cm de larga y 10 cm de ancha.
Roxanne hizo a Deirdre una señal para que se acercase.

Deirdre se desnudó rápidamente.
John le echó una nueva mirada detenida.
Tenía unos pechos un poco más pequeños que los de Roxanne, pero estaban moldeados exquisitamente y los grandes pezones marrón claro se erguían como roca dura.
Además de sus firmes pechos tenía una figura preciosamente esbelta.
Sus grandes ojos azul brillante le miraban seductoramente y el vello de su coño relucía con sus calientes jugos.

Roxanne se colocó al lado de Deirdre y la besó con fuerza en los labios.
Se paladearon ardientemente mientras sus lenguas se embrollaban.
Deirdre tocó los hinchados pezones de Roxanne y los rodó entre sus dedos mientras tiraba de ellos.
A Roxanne le gustó mucho esto, y usó la mano para buscar la cálida cuevita de su mejor amiga, empujando luego el dedo a fondo en su caliente y pequeño horno.
Deirdre gimió un momento.
"¿Quién puede follárselo primero?", jadeó Deirdre.
"Puedes hacerlo tú en primer lugar, él tiene que bajarme al pilón antes", dijo Roxanne.

Roxanne se colocó directamente encima de su cara y apretó con fuerza su semblante contra su coño, haciendo que su lengua tocara sus hinchados labios.
"¡Ahora, lámeme el chocho hasta que me corra!", dijo, a medias entre un jadeo y una orden.
Su lengua exploró la zona púbica, primero saboreó los labios hinchados, luego los lamió y los tomó suavemente con los dientes.
A continuación la lengua se fue al clítoris, y lo lamió a lametones pequeños y breves. Con un movimientos circular metió la lengua llegaba entre los labios del coño que ella apartó para poder disfrutar aún más de sus caricias.
Luego su lengua se abrió paso hasta profundamente en su sitio más húmedo.
Gimió de excitación y empezó a moverse levemente arriba y abajo.

Mientras Deirdre se había acomodado en su polla a la que miraba fijamente con admiración.
Usó las uñas de las manos para acariciarla con suavidad a lo largo del dardo hasta alcanzar el glande.
La tomó firmemente en sus manos y empezó a moverla adelante y atrás.
Entretanto tomó sus huevos con la boca y los chupó.
Paseó la lengua adelante y atrás sobre sus huevos mientras seguía estimulando el dardo con las manos.
La polla de John se ponía cada vez más dura.
Deirdre pasó la lengua por el dardo hasta alcanzar el glande.
Se lo metió totalmente en la boca y le hizo un buena mamada.
Lo sacó nuevamente de la boca y estimuló primero la punta con la lengua y luego la parte de atrás para volver a tomarlo de nuevo con firmeza en la boca.
Usó su boquita para hacer movimientos de sacudida.
Cuando sintió que estaba completamente dura se sentó sobre él, se bajó lentamente hasta que sintió como su duro poste rozaba contra los labios hinchados de su coño.
Se movía suavemente adelante y atrás.
¡Ah, cómo le gustaba!
Nunca antes había sentido tanta excitación.
Apretó, muy caliente, su duro miembro en su cálido coñito.
Utilizó las manos para apartarse un poco, de forma que pudiera sentarse un poco más alta, de ese modo podía hacer que profundizara menos en su chocho.
Se movió lentamente arriba y abajo, John empezó a gemir.

Mientras tanto la cara de John se había empapado en los jugos de Roxanne,
aunque se había esforzado en lamerlos todos estaba tan mojada que toda su cara se cubrió con sus fluidos.
Ella había cerrado los ojos y del puro placer se relamía los labios mientras sus dedos separaban los labios del coño para que su lengua pudiera profundizar más.
De vez en cuando él dejaba que la lengua se moviera con mucha rapidez adelante y atrás sobre su clítoris.
"Oh sí, oh sí" jadeaba cada vez más excitada, mientras su pelvis empezaba a hacer movimientos circulares al ritmo de su lengua.
Su lengua iba cada vez más rápido, sintió que se acercaba a un clímax tremendo.
Por eso apretó firmemente su cara con sus fuertes piernas de modo que la lengua surcó aún más profundamente en su pequeño y caliente horno.

Mientras ocurría todo esto Deirdre estaba disfrutando a tope del poste de John.
Se movía abajo y arriba, y seguía deseando ir aún más rápido.
No solo se movía abajo y arriba, también atrás y adelante, de modo que podía sentir su duro y ancho vástago aporreando en cada punto de su pequeño y prieto coño.
Utilizaba su coñito adiestrado para hacer breves movimientos que la hacían disfrutar intensamente.
Se oyó de la respiración de John que tenía dificultades para reprimirse.
Ella misma sentía que estaba cerca del clímax.
Atacó su palo de jodienda duro con cada vez más fuerza y velocidad.

Roxanne se movía con aún más fuerza sobre la caliente lengua de John, hasta que sintió que su coño estaba a punto de empezar las contracciones.
Se restregó el clítoris llena de ardor para aumentar aún más el placer del orgasmo que se aproximaba.
Su pelvis se agitó contra su cara mientras gritaba de placer.

Deirdre tampoco estaba muy lejos y se movía todo lo rápidamente que podía arriba y abajo mientras se agarraba firmemente a John.
Al final se corrió, gimiendo y temblando, mientras el coño se ceñía firmemente alrededor de su poste.
Le cavó profundamente las uñas en la piel.
"Oh, fue delicioso, nunca más querré un macho follador", dijo con voz excitada.

Las dos chicas le desmontaban, pero era demasiado tarde.
Toda esta estimulación resultó ser demasiado para que John lo soportara.
Antes de que las chicas le volvieran a tocar salió a chorro su carga sobre ellas.
Sin embargo esto no era lo que le gustaba a las chicas, después de todo estaban acostumbradas a que los machos folladores podían follar durante horas sin correrse.
No en vano estaban seleccionados biológicamente de forma específica para satisfacer los deseos de sus amas.

Roxanne se plantó delante de él enfadada.
Le miró a los ojos con expresión extremadamente rigurosa.
"Te has corrido demasiado pronto" le dijo enfadada y le abofeteó la cara.
"De donde yo vengo no resulta demasiado pronto en absoluto", se defendió él.
"Bueno, aquí estamos acostumbradas a más, así que asegúrate de que se ponga dura rápidamente", le ladró.
Las dos chicas se sentaron a los pies de la cama y empezaron a cuidar conjuntamente su polla.
Roxanne movió sus manos, con sus largas uñas, por sus piernas y empezó a lamer y chupetear sus huevos.
Mientras tanto Deirdre le lamía diligentemente el glande con la lengua.
Siguieron así, Roxanne masajeando su escroto y lamiendo su dardo, mientras Deirdre tomaba su glande en la boca.
Lamieron y chuparon de esta forma hasta que estuvo de nuevo completamente tieso.

Ahora era el turno de Roxanne para follárselo.
Le dejaron tumbado en la misma posición pero intercambiaron sus sitios.
Ahora Deirdre dejó su húmedo coño balancear sobre su lengua y él obedeció enseguida.
Se dejó bajar completamente y su lengua empezó a mimar íntimamente a Deirdre.
Cubrió toda la zona con la lengua: empezó por los labios que chupó y lamió a fondo.
Luego saboreó su clítoris, lamiéndolo de forma elaborada mientras movía la
lengua con rapidez adelante y atrás.
Luego la buceó en su sitio más caliente.
Deirdre gimió.
Oh, ojalá que pudieran quedarse eternamente con este esclavo follador.

Mientras tanto Roxanne se había sentado sobre su polla y empezó a balancearse suavemente.
Esto era aún mejor que su lengua, podía sentir como su mole ancha la tocaba por todas partes en su interior.
Aumentó el ritmo, en vez de balancearse ahora empezó a cabalgar.
Gimió.
¿Había algo más elevado que dos amigas compartiendo su macho entre ellas?
Miró a su amiga que estaba disfrutando también intensamente de su macho.
Siguió aumentando el ritmo, y se movió con más fuerza arriba y abajo.
Se inclinó hacia delante para poder tocar a su amiga.
Le lamió y chupó los duros pezones y tiró de ellos.
Deirdre gemía mientras empezaba a cabalgar con más fuerza sobre la cara de John.
En ese momento Roxanne besó plenamente la boca de Deirdre, y su beso fue inmediatamente correspondido.
Las dos chicas besaron intensamente mientras aumentaban el ritmo con las caderas.

Y mientras estaban besando, Roxanne sintió como seguía acercando a su clímax.
Dejó a Deirdre y empezó a cabalgar lo más rápido que podía sobre su poste.
Arriba y abajo, pero también adelante y atrás de nuevo.
Gimió cuando sintió que había llegado el momento.
Y mientras se restregaba intensamente la pepita un estremecimiento le recorrió el cuerpo.
Su pelvis inició unos movimientos espasmódicos y se corrió con un grito.
"Oh sí, oh sí, oh sí, oooooh."

Deirdre todavía no había corrido para la segunda vez, y ahora empezaba a cabalgar cada vez más rápido sobre su cara.
Roxanne se acercó y ayudó a su amiga a alcanzar su clímax.
Mientras Deirdre sentía la lengua de John dentro de ella, Roxanne lamía sus pezones, los pellizcaba y empezó a lamerle el clítoris.
Luego besó fervientemente en la boca a Roxanne de nuevo.
Al final resultó demasiado para que lo soportara Deirdre y se corrió de forma desbordante.
Apretó la cara de él contra su pelvis por última vez, de modo que su lengua profundizara en su sitio, luego se corrió con sacudidas sobre su cara.

Satisfechas las chicas se tomaron un momento de descanso.
Se fueron a un rincón donde deliberaron en voz baja lo que iban a hacer con su viajero del tiempo.
"Bueno, ¿qué piensas de esto?", preguntó Roxanne.
"Nunca follé tan bien, cómo sabía", dijo Deirdre.
"¿Estás dispuesta a cambiar todo esto por uno de esos machos folladores?", preguntó Roxanne.
"Nunca más", fue su respuesta clara.
"Escucha, he estado pensando", dijo Roxanne.

Repasó las posibles opciones.
Podían entregarlo a su reina, pero en este caso perderían su esclavo sexual personal.
También difícilmente podrían mantenerlo en cautividad eternamente.
Por otro lado acabaron de destrozar la ropa, difícilmente podría salir fuera, a un mundo lleno de mujeres lujuriosas.
En todo caso estaban de acuerdo en que no le permitirían volver a su propio tiempo en una semana.
"Mira, John", dijo Roxanne, "no queremos ponerte las cosas muy difíciles."
"Es por eso por lo que hemos decidido que ésta es la mejor solución", añadió.
A continuación tomó el brazalete y ante los ojos asustados de John lo lanzó al fuego.
"¡Nooooooo!" gritó, y se abalanzó al fuego.
Pero ya era demasiado tarde, el brazalete había quedado reducido a un montoncito de plástico fundido.

"Ahora nos perteneces para siempre", sonrió maliciosamente Deirdre.
John se dio cuenta de que sería su prisionero para toda la eternidad.
"Ahora escúchanos con atención", continuó ella.
"Deberías darte cuenta adecuadamente que aquí vives en un mundo que consiste sólamente de mujeres."
"Si crees que podrás escapar y una sola persona se entera de que eres un hombre te encontrarán."
"Y entonces no serán dos, sino cientos", se rió Deirdre por lo bajo.
"Seamos sinceros, incluso un hombre fuerte como tú no podrá soportarlo", siguió.
"Tal vez pudieras aguantar a las tres primeras, pero para la quinta te dará un ataque al corazón, y eso sería una verdadera lástima", esbozó la oscura imagen de su futuro.
"También es posible que alguien te entregue a la reina", completó Roxanne.
"Sí, y entonces te ejecutarán públicamente. Ves, los hombres no son realmente deseados aquí", dijo melosa Roxanne.
Mientras, le acariciaba los pezones con las uñas una vez más.

"Si es así qué alternativa me proponéis a mi libertad", exclamó furioso John.
"¡Habéis eliminado mi única posibilidad de retorno!"

"Bueno, te quedas aquí, te cuidamos y nos aseguramos de que nadie te descubra.
Te vestiremos para que parezcas una mujer, y diremos a todo el mundo que eres nuestra hermana más joven.
Tenemos maquillaje y una peluca.
Mientras dejaremos que te crezca el pelo, de modo que al cabo de un tiempo tendrás el pelo largo de todos modos.
Con el pelo largo, la ropa adecuada y algún disfraz podemos hacer que parezcas perfectamente una mujer.
También te desataremos y te daremos algo más de libertad.
Pero desde luego seguirás a nuestra disposición".
Mientras Roxanne decía esto último agarró su miembro con la mano y se lo masajeó de manera que volvió a ponerse tieso.
"¿Qué opinas? ¿Harías eso por nosotras?", dijo mientras le agarraba firmemente el trasero con la otra mano.
"Oh, y no pensarías en escaparte", indicó Deirdre.
"Si dejamos que se sepa que hay un hombre disfrazado de mujer buscarán por todas partes y seguro que te harán visto el plumero."
John se dio cuenta de que no tenía elección, tenía que elegir esta forma de existencia por puro instinto de conservación.

"De acuerdo, si no hay realmente otra solución, entonces me quedaré aquí", dijo John con evidente desgana.
"Bien hecho muchacho, has hecho una buena elección", dijo Roxanne mientras seguía masando su pene.
"A propósito, me apetece otro buen polvo, ¿y a ti?", preguntó Roxanne a Deirdre.
"No me importaría hacerlo", dijo Deirdre y le pusieron de nuevo de espaldas sobre la cama.
"¿Es que sois insaciables?", preguntó John.
"Eres el primer hombre normal que nos encontramos en nuestra vida, ¡nunca dejaremos que te vayas!", chilló Deirdre entusiasmada.
"Ni en mil años", aprobó Roxanne.
Las dos chicas rieron tontamente.
En todo caso John estaba seguro de una cosa: nunca más estaría escaso de mujeres...
 
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