Title: El cybercafe
Autor: Stefan

Me gustan las niñas pequeñas, muy pequeñas, siempre me han gustado y
supongo que siempre me gustaran. A los 14 años era curioso ser yo, la
mitad de mi mente imaginaba escenarios en los que podía estar a solas con
una pequeña, poco a poco quitarle toda la ropa y mostrarle todo lo que su
cuerpo podía hacer; mientras la otra mitad de mi mente me reprendía por
pensamientos que sin lugar a duda estaban mal y deberían avergonzarme.

Nunca fuimos una familia con mucho dinero, supongo que esa fue una de las
razones por las que mis padres nunca quisieron otro hijo. En casa nunca
tuvimos muchos lujos; una cama donde dormir, ropa que vestir y comida que
comer, no mucho más. Así que cuando el Internet se hizo popular y todo el
mundo hablaba de lo genial que era nunca se me paso por la cabeza pedirle
a mis padres que contrataran un servicio de internet. Pero cuando escuché
acerca de la cantidad de pornografía que había ahí, que nada estaba
prohibido en ese lugar, me dije que debía probarlo.

Para un chico de 14 años era casi imposible conseguir pornografía
ordinaria y para alguien con gustos especiales como los míos ni siquiera
soñaba con encontrar pornografía infantil. Así que ante la perspectiva de
por fin ver a la anatomía de pequeñas niñas que hace no mucho habían sido
bebés me emocionaba mucho.

Encontré un pequeño cibercafé cerca de mi casa, nada del otro mundo:
cuatro ordenadores en la planta baja y un pequeño apartamento en la planta
alta. Entré y me saludo un hombre joven sentado detrás de un escritorio
con un televisor antiguo conectado a una play station.

- ¡Hola! Pasa, ¿quieres usar un ordenador? Todos tienen conexión a
internet de alta velocidad

Sonreí con timidez y asentí con la cabeza. Él sonrió a su vez y me señalo
un ordenador cerca de la puerta.

Cuando me senté frente al ordenador sin saber qué hacer y muy avergonzado
como para decirle al que encargado que había ido allí a buscar pornografía
infantil escuché un llanto que venía de la planta alta. El hombre se
levantó con un suspiro y abrió una puerta que daba a unas escaleras. Al
poco rato volvió con un bebé de alrededor de 6 meses en brazos. La pequeña
iba vestida con un mameluco rosa y tenía un chupete en forma de flor en
los labios.

-Mira quien ha decido despertarse y bajar a ver a los mortales -vio que mi
pantalla aún estaba en el escritorio - ¿Sabes cómo navegar en internet?
-sentí como el color subía a rostro. Negué con la cabeza.

Río y acerco una silla al lado de la mía frente al ordenador, aun con la
pequeña en brazos. La bebé me miro con curiosidad y cuando hice una mueca
graciosa rio encantada.

-Parece que le agradas a Anna. Y dime, ¿te comieron la lengua los ratones?
¿Cómo te llamas?

-Daniel -dije casi en un susurro

-Pues bien, Daniel, yo soy Andrés, pero puedes decirme Andy y esta
pequeñaja de aquí es Anna -la niña levanto la cabeza para ver a su padre
cuando lo escucho hablar - ¿Entonces no sabes navegar en Internet?

-No, no tenemos computadora en casa -dije avergonzado.

-Bueno, eso no es problema. Eres mi único cliente del día y te enseñare a
navegar en la red. Ten, sostén a Anna -Y sin más me paso a la bebé para
que la tomara en brazos. La pequeña se acomodó sin problema en mi regazo y
miro como su padre manipulaba el teclado y el ratón.

Pasamos el resto del día charlando mientras Andy me enseñaba las páginas
web indispensables para usar el Internet y me ayudo para encontrar algunas
páginas de juegos e historias. Jugamos un rato en su play station mientras
Anna miraba en su carriola y yo trataba de ocultar mi erección. Andy no
pareció darse cuenta.

Empecé a ir al cibercafé de Andy todos los días después de la escuela,
rara vez tenia más clientes así que teníamos todo el lugar para nosotros.
Poco a poco comencé a tener más confianza con Anna, la tomaba en brazos
cuando lloraba y le daba su biberón cuando tenía hambre. Andy era muy
confiado y nunca puso objeción cuando alguna.

Casi seis meses después, antes del primer cumpleaños de Anna, Andy me dijo
que iba a cerrar el cibercafé.

-Casi nunca tengo clientes. Tu eres el único que viene seguido y casi
nunca te cobro -me dijo con una sonrisa -Me encanta estar aquí y pasarme
el día jugando videojuegos contigo, pero tengo que pensar en Anna. Crece
muy rápido, la ropa ya no le queda y pronto su cuna será muy pequeña para
ella, además luego irá a la escuela -Suspiró -Necesito un trabajo de
verdad.

-Pero si vas a trabajar durante todo el día, ¿quién va a ciudad de Anna?
-La niña estaba estrellando dos bloques entre si y riendo encantada con el
sonido que hacían.

-Pagare una guardería, supongo. No veré a mi hija en todo el día, pero así
es como lo hacen todos los padres solteros -Se quedó pensando un momento y
me miro con los ojos brillando -Oye, las vacaciones de verano están a
punto de empezar. Tu podrías encargarte del cibercafé, ya viste que no es
mucho trabajo y mientras tanto podrías cuidar a Anna mientras yo trabajo.
¿Qué tal suena eso?

Mi corazón dio un vuelco. ¿Que si quería pasar el día prácticamente solo
con una pequeña de un año por los próximos tres meses? Por supuesto que
quería, pero no quería parecer muy entusiasmado con la idea.

-Claro que todas las ganancias del cibercafé serian tuyas, sería como un
trabajo de verano -dijo Andy ante mi silencio.

-Está bien. Lo haré.

El primer día del verano coincidió con el primer día de Andy en su nuevo
empleo de oficinista y también con el primer cumpleaños de Anna. Andy se
sentía miserable.

-Es su primer cumpleaños y yo lo voy a pasar trabajando. No es justo.

Era muy temprano y se estaba arreglando para su primer día. Era raro verlo
vestido de traje cuando normalmente usaba pantalones deportivos y
sudaderas. Anna dormía en su cuna en la esquina del apartamento.

-En la noche cuando llegues lo podrás celebrar con ella, mientras yo me
encargare que pase una excelente mañana hasta que llegues con su pastel
-Andy me miro agradecido.

-Gracias Daniel, no sé qué haría sin ti.

Andy se fue y en el momento en el que cerró la puerta tras de sí Anna
despertó en la planta alta demandando su biberón matutino. Sonreí. Eso era
música para mis odios, cada vez que iba al cibercafé regresaba a casa por
la noche con mucho material para fantasías antes de dormir. Andy siempre
había estado cerca, trabajando en los ordenadores, jugando o simplemente
charlando nunca se alejaba demasiado cuando estaba con Anna. Así que
realmente nunca había disfrutado sexualmente a Anna, y por fin después de
tantas fantasías tenia a la pequeña para mi durante todo un día.

Mientras subía las escaleras pensé en cuanto me iba a divertir ese verano,
día tras día tendría la oportunidad de tener a Anna a mi disposición
durante más de 8 horas. Definitivamente era un sueño hecho realidad.

Me acerque a la cuna y tome a Anna en brazos, cuando me vio su llanto
disminuyo, pero aun parecía de mal humor. Cuando le di su chupete en forma
de flor comenzó succionarlo con fuerza. La pequeña tenía hambre.

La lleve hasta la cama de Andy y le quite el pijama lila de una pieza que
llevaba puesto, desabroche los botones en la parte de atrás y deje al
descubierto su blanca espalda, pase mi mano por su cuerpo, desde los
hombros hasta su espalda baja, era tan suave. Le di la vuelta y le terminé
de quitar el pijama. Se veía hermosa solo usando un pañal y chupando el
chupete, mirándome con curiosidad. Pasé mis manos por sus pezones y los
apreté suavemente. La puse de lado al borde la cama para que su cabeza
estuviera cerca de mi entrepierna.

Me baje los pantalones y la ropa interior hasta los tobillos. Mi miembro
estaba parado y duro como roca, saque el chupete de su boca y lo reemplace
con mi miembro, comenzó a chupar con fuerza, no puede evitar soltar un
gemido ante la ola de placer que brindaba la bebé chupando mi pene, cuando
sentí que comenzaba a rechazar l sabor empuje con la cadera hasta llegar a
su garganta, ella se atraganto y empezó a llorar. Mientras con una mano
acariciaba su cabeza con dulcera con la otra me masturbaba furiosamente
hasta que un chorro de líquido transparente salió chorreando por su boca.

Sus gritos se transformaron a meros gemidos al cabo de un rato, no me
sentía muy bien conmigo mismo, pero esa había sido la mejor experiencia
que había tenido en toma mi vida. Le preparé su biberón y después de que
se lo terminara y la hiciera eructara era otra vez la niña risueña y
activa que había conocido en los últimos seis meses. Me dije que lo había
hecho no pida haber sido tan malo si ella se había recuperado tan rápido.

Después de un rato de juegos inocentes parecía que lo que paso antes no
había sucedió, decidí intentar otra de las cosas con las que había
fantaseado. La puse en la cama y le quité su pañal, tenía intención de
probar su pequeña vagina, introducir mi lengua en ese orificio especial
que hasta ese momento había permanecido inalterado. Tire el pañal usado a
la basura y limpie sus perfectas nalgas blancas, alrededor de las piernas
y en los pequeños labios de su vagina. Me acerqué a su cara y le di un
beso primero en la mejilla, lo que la hizo reír, y luego en los labios
introduciendo solo un poco mi lengua en su boca. Ella siguió riendo. Seguí
besando su cuerpo, primero sus pezones diminutos, luego su vientre, sus
caderas y llegue a su entrepierna, saque mi lengua para lamer su pequeña
vagina.

Alguien toco la puerta.

Fue abajo, en el cibercafé. Tome a la niña desnuda y la deje en su cuna.
Baje las escaleras exasperado por la interrupción. En la puerta del
cibercafé estaba parada una niña flacucha de unos 10 años. Era pelirroja
con los ojos verdes y la cara llena de pecas. Una belleza. Nunca me había
sentido atraído por una niña tan mayor.

-Quiero entrar a Internet. Tengo dinero -dijo detrás de la reja agitando
un billete para que lo viera.

Le abrí la puerta y señalé una de los ordenadores. Ella lo encendió con
presteza y entró a Internet sin esfuerzo, yo me senté en la silla de Andy
frente a su tele y play station y observé disimuladamente que hacia la
niña. Entró a un buscador de imágenes y escribió la palabra "bebé", un
mosaico lleno de imágenes de bebés de todas las edades inundo la pantalla,
mientras veía las imágenes, hacia más grandes algunas que le interesaban y
bajaba con el cursor para encontrar mas, vi que la mano izquierda de niña
bajaba disimuladamente hacia su entrepierna. ¿Podía ser que a ella también
le excitaran los cuerpos muy jóvenes?

Anna grito desde el piso de arriba, demandando atención. Recordé que la
había dejado completamente desnuda.

La niña pelirroja dio tal respingo que estuvo a punto de caer de su silla.

- ¿Que fue eso? -preguntó

-Oh, es la hija del dueño. La cuido mientras él trabaja. ¿Te gustan los
bebés? -le pregunte tratando de fingir despreocupación.

Ella me miró, luego a su pantalla llena de imágenes y luego otra vez a mí
con su rostro casi tan rojo como su cabello.

-Pues sí, ya sabes, lo normal

Decidí arriesgarme, después de todo era solo una niña, si las cosas salían
mal podría negarlo todo.

- ¿De veras? Porque yo creo que te gustan mucho más de lo normal -me
acerque a ella y le dije casi en un susurro -La bebé de arriba está
completamente desnuda y estoy seguro que le encantaría tener una compañera
de juegos, para jugar todo tipo de juegos con ella.

La niña pelirroja estaba sin habla, estaba sudando y su tez era como un
tomate. Anna grito otra vez, esta vez se escuchaba más molesta. Eso
pareció sacarla de su trance, respingo, sacudió la cabeza y me miró.

- ¿Vienes o no? -le dije mientras me dirigía a las escaleras. Ella me siguió.

Llegamos a la habitación en donde la pequeña Anna ya estaba parada en su
cuna, al borde del llanto. La tome en brazos y le lleve de nuevo a la
cama. La niña pelirroja se había quedado petrificada en el umbral.

-Vamos, pasa, ven a conocer a Anna. ¿Cómo te llamas?

-Casandra. Cassie -dijo tartamudeando.

Cassie se acercó a la cama y se puso de rodillas. Me moví un poco para que
se pudiera poner justo frente a la pequeña. Con manos temblorosas comenzó
a acariciarla, primero la cabeza luego el torso, pasando sus pulgares por
los pequeños pezones de Anna y luego por su entrepierna. Acerco su cara a
su vagina y antes de empezar a besarla giro la cabeza y me miro dudando.

- ¿Puedo?

-Claro que puedes, enséñale a Anna lo divertido que es tener una compañera
de juegos.

Se acercó y saco su lengua para lamer la pequeña vagina de la bebé. Anna
rio encantada antes las cosquillas que esto le provocaba. Cassie enterró
su cara en la vagina de la pequeña, se podía escuchar su lengua y labios
moviéndose por los labios, el clítoris y la vagina de la bebé. Cassie
gemía a ritmos cada vez más rápidos, sus gemidos quedaban atenuados por
las piernas de la pequeña, pero era tan altos que se escuchaban altos y
claros. Una de sus manos bajo hasta su propia vagina y podía ver como se
movía al mismo ritmo que la niña pelirroja gemía.

Me le acerque por detrás, bese su cuello mientras bajaba sus pantalones
con mis manos. Sentí su respingo cuando la toque por primera vez, pero no
hizo ningún ademan por alejarse o quitar mis manos de su cuerpo o mi
rostro de su cuello. Mi mano encontró el espacio entre sus piernas y
cuando presione Cassie soltó un gritito en las piernas de Anna que hizo
que la bebé también gritara de gusto. Separe las piernas de Cassie y me
baje los pantalones. Cassie impuso a penas cuando introduje mi miembro en
su vagina por detrás ella un ritmo furioso y movía sus caderas y todo su
cuerpo adelante y atrás rápidamente hasta que ambos alcanzamos el orgasmo
con un grito que contagio a Anna quien grito con nosotros.

Tome a la bebé e introduje mi pene en su boca para chupara los restos de
semen y fluidos de Cassie. No sé porque, pero eso me parecía muy
excitante. Cassie estaba acostada en la cama de Andy, se había quitado los
pantalones y podía ver su vagina mientras su respiración se acompasaba y
reposaba después de su primera experiencia sexual.

Me vestí, cogí en brazos a Anna y la vestí con el vestido azul que su
padre le había comprado para su cumpleaños. Ella también estaba cansada y
se quedó dormida mientras la vestía. Cuando miré a la cama vi a Cassie
sentada observándome. Tome a la niña, la acosté en su cuna y mire a
Cassie.

- ¿Te gustan los videojuegos?

THE END