Note: This story was dynamically reformatted for online reading convenience. Keywords: rape snuff necro Lauryn no sab'a bien si deb'a poner el arma pegada al cuerpo o darle una distancia. Por algún motivo se sent'a más segura pegándole la pistola. Lo agarró por el hombro, desde atrás, y le clavó el cañón un poco por encima de la cadera. -Nunca saldrás viva de aqu'. Lo sabes, ¿verdad? La periodista hundió un poco más el arma, apretando para hacer algo más de daño. En otras ocasiones lo hab'a sentido en sus propias carnes, sab'a el dolor y el miedo que causaba. -Te conviene que no sea as'. Tu también lo sabes, ¿verdad? Avanzaron juntos sin volver a dirigirse la palabra. Ella no quer'a hablar y él prefer'a no enfadarla. Al llegar al pasillo Lauryn descubrió que los ascensores segu'an sin funcionar. Nada nuevo. Sin embargo sab'a que Lacroix no iba a quedarse encerrado en caso de emergencia. -Act'valo El rehén cooperó tras sufrir un par de empujones más. Habr'a sido absurdo para ambos negar la existencia de una llave para reactivar la maquinaria. Bajaron nuevamente sumidos en el silencio. La tensión crec'a progresivamente no solo en el ambiente, sino entre los dos. Descendieron pocos pisos y, con todo, el descenso se les hizo eterno. La reportera casi pensó estar pasando horas all' dentro. Finalmente sonó el timbre. Las puertas se abrieron poco a poco, incluso dieron la sensación de chirriar. Una vez completamente abiertas, dejaron ver el recibidor. No estaba tan vac'o como antes. Hab'a dos hombres armados que en principio miraban al exterior. Se dieron la vuelta al escuchar el timbre del ascensor. Inmediatamente desenfundaron las armas. Christopher ya estaba en la oficina. Sal'a tarde y llegaba pronto, al menos en d'as especiales. Ese d'a era especial. A última hora de la noche hab'a recibido información preocupante. Una detective de otra comisar'a le hab'a enviado datos sobre el mism'simo comisario. Al principio ni los hab'an tomado en serio. Después, al contrastarlos, hab'an llegado a asustarse. Todo el equipo llevaba trabajando desde aquel mismo instante. Tan solo se hab'an tomado un descanso, por turnos, para dormir un par de horas antes de continuar. Los dosieres se hab'an acumulado tan rápido que tardar'an meses en revisarlos todos. Aún as', no ten'an ninguna prueba firme. Tan solo evidencias de mal trabajo policial. Si se hubiese tratado de un simple detective lo tomar'an con más calma. Todo un jefe de polic'a requer'a más urgencia. Antes o después caer'a, pero necesitaban que fuese antes. Nada más encender el ordenador recibió el aviso de un nuevo correo. No conoc'a la dirección, aunque le bastó para comprobar a quien pertenec'a. Ten'a costumbre de hacerlo con todas las direcciones nuevas. La mayor'a de polic'as, cuando denunciaban a sus compañeros, creaban cuentas que no coincidiesen con las anteriores. Comprobarlas sol'a ser poco útil. En ese caso fue distinto. Pertenec'a a una periodista. Recordó que la detective, Rebecca, hab'a mencionado empezar a investigar siguiendo las indicaciones de una periodista. Tuvo la impresión de estar ante algo importante antes siquiera de abrir el enlace. El video comenzaba con una puerta cerrada y tres encapuchados esperando a ambos lados. Parec'a la puerta de una casa. Se ve'an setos a los lados, aunque era de noche. La calidad del video resultaba insultantemente buena. Deb'a ser una cámara prácticamente profesional. La puerta se abrió tras unos segundos. Era probable que llevasen más tiempo esperando, pero deb'an haberlo editado. Asomó una mujer que deb'a tener unos treinta y cinco años. Iba arreglada, tal vez para una fiesta o una cita. Aunque era dif'cil medir su altura sin más referencias, Christopher habr'a apostado por un metro setenta, cent'metro arriba o abajo. Era negra, no con la piel muy oscura. De figura grácil, esbelta. Quizás unos pocos kilos más le habr'an sentado bien, aunque sus medidas ya eran magn'ficas. Ochenta de pecho, ochenta y cinco de cadera, y un vientre casi plano. No luc'a musculosa, aunque deb'a cuidarse. Ten'a el pelo largo, liso en la parte superior, pero iba rizándose progresivamente hasta llegar a las puntas. La raya estaba ladeada a la derecha, aunque la melena era igual de larga por ambos lados. Descend'a a ambos lados del rostro, dejando la frente descubierta. Iba maquillada. Sombra de ojos gris oscura, muy suave, y los labios marcados de color un poco más oscuro que su propia piel. Nada ostentoso, al contrario, lo utilizaba para remarcar su propia belleza natural. Los ojos almendrados, negros, destacaban en un rostro anguloso de rasgos elegantes, aunque la nariz resultaba algo "chata". Llevaba un vestido azul turquesa, de tirantes con el escote, generoso sin llegar a ser vulgar, con falda amplia y vaporosa, hasta la altura de las rodillas. Para la ocasión se hab'a puesto medias negras junto a un ligero, que todav'a no pod'a verse en el v'deo, del mismo color, y zapatos de tacón también negros. Abrió la puerta despreocupadamente, pero se encontró con los desconocidos en la puerta. Iba a gritar cuando el que ten'a a su derecha lanzó un fuerte puñetazo contra el estómago. Ella se dobló hacia delante e intentó gritar, aunque no salió aire. No cayó de rodillas porque el puño segu'a sujetándola. La hicieron levantar tirando del pelo, teniendo as' el estómago a la vista para dos fuertes puñetazos más. Con otro fuerte tirón la arrojaron al suelo, de espaldas, y la arrastraron al interior. En el siguiente plano, la chica estaba sentada en el suelo del salón. Hab'a perdido los zapatos, probablemente al arrastrarla. La falda se hab'a subido un poco dejando ver la práctica totalidad de los muslos. Las medias, de encaje, llegaban casi a mitad, sujetas por el liguero. Miraba nerviosa a los tres agresores, sin atreverse a hablar. También miraba a lo que deb'an ser puertas y ventanas. Se escuchó la voz de uno de los encapuchados. El sonido también era muy n'tido. -Di tu nombre a la cámara. Ella no habló. Respiraba agitadamente y comenzaba a temblar. Le pusieron una pistola en la cabeza para aclararle las ideas. Su respiración se agitó más aún, y tardó en mirar directamente a la cámara. -Zoe Fue casi un susurro, aunque perfectamente audible. Uno de los matones se puso detrás, agarró el vestido con fuerza y tiró hacia abajo. El torso de Zoe quedó desnudo antes de darse cuenta ella, quedando la prenda enganchada únicamente a la cintura, pero rasgada por la parte de atrás. La chica se apresuró a agarrar la tela para cubrir los pechos. La cámara ya los hab'a captado. Un poco más claros que el resto de la piel, con los pezones de color chocolate. El mismo matón que hab'a rasgado el vestido volvió a agarrarla del pelo. Ella se levantó intentando evitar el dolor. La recostó un pequeño armario. Zoe se apoyó con las manos para no soportar el peso con los senos o el rostro. -No... Cerró los ojos y apretó los dientes. No miró cuando le arrancaron las bragas, solo frunció el ceño preparándose para lo peor. Sin más, sin intentar estimularla primero, la penetró. Zoe buscó algo que agarrar para aliviarse. No lo encontró, as' que se aferró con fuerza al borde del armario. Las tetas parec'an algo más grandes al quedar colgando, expuestas ya que no segu'a sujetando el vestido en su sitio. Ten'a los pies casi de puntillas en el suelo, intentando igualar la altura de su agresor. Salvo algún gemido lastimero, no emitió ningún ruido. Manten'a los ojos cerrados y tan solo algunas lágrimas escapaban de ellos. En el rostro reflejaba más disgusto, más asco, que dolor, aunque de vez en cuando torc'a el gesto coincidiendo con las embestidas más duras. Al notar al asaltante apunto de correrse, negó con la cabeza un par de veces. El tipo acabó dentro y, tras empujarla contra el mueble, se alejó trastabillando. Zoe se deslizó, cayendo de rodillas al suelo. Intentó subirse una vez más el vestido. El segundo agresor la agarró nuevamente del pelo. Parec'an disfrutar haciéndolo. Tiro un poco hasta dejarla más o menos en el centro del salón. Utilizando bastante fuerza, separó las piernas para arrodillarse en medio. Zoe hab'a permanecido resignada hasta el momento, pero algo cambió. Comenzó a lanzar manotazos, puñetazos mal guiados, y arañazos. Eran completamente inútiles para dañar seriamente a un tipo tan grande, pero bastaban para impedirle guiar su miembro a la vagina de la joven. Ella golpeaba ciegamente sin distinguir entre rostro o torso. -¡Sujeta a esta zorra o voy a tener que darle de hostias! El que aún estaba reponiéndose de su propio orgasmo, algo molesto, volvió a acercarse para agarrar ambos brazos. -¡No no no no! Repitió ella histérica -¿Qué le pasa a esta zorra?, ¡si ya te la has follado! Aunque la chica no dejaba de revolverse, acabaron penetrándola de nueva. En esta ocasión si gritó, y su violador tuvo que taparle la boca. Cuando Zoe se vio incapaz de evitarlo, volvió a calmarse. Cerró los ojos una vez más y esperó a que todo terminase. De nuevo eyacularon dentro. Zoe respondió a su instinto intentando acurrucarse en posición fetal. Siguiendo la costumbre, la agarraron por el pelo. Acabó sentada como al principio, en mitad del salón. Agarró cuanto quedaba del vestido con la mano derecha. Lo levantó por encima de la altura de los pechos. La parte trasera ya estaba completamente rota, aunque le serv'a para taparse por delante. El primer violador intercambió posiciones con quien estaba en la cámara. Fue este último quien se puso a espaldas de Zoe. También fue quien empezó a hablar. -¿Quieres que nos vayamos, Zoe? Ella asintió despacio. -Está bien, pero antes quiero que hables un poco para la cámara. ¿Podrás hacerlo, cariño? Aunque el "cariño" no le hizo ninguna gracia, asintió de nuevo. -Dinos, Zoe. ¿Qué ha pasado esta noche? Zoe miró confusa a la cámara. -Quiero que lo resumas para la cámara. -Yo... - respiró hondo. Usó la mano izquierda para limpiar nuevas lágrimas. -Yo iba a la fiesta de mis amigas. He... he abierto la puerta. Me habéis pegado. No pod'a respirar. - Sollozó un par de veces. - Me habéis violado. Dos veces. Y... tengo miedo. -¿Te ha gustado? Zoe abrió los ojos, incrédula. -No... no. Ha sido horrible. Asqueroso. No ten'ais derecho. Él me ha hecho daño. Solo quer'a que acabase, pero luego él me ha... Quien estaba detrás, haciendo preguntas, la agarró por la barbilla y la coronilla a la vez. Tiró en direcciones opuestas además de forzar la barbilla hacia arriba y la coronilla hacia abajo. El micrófono apenas captó sonido alguno, pero los huesos crujieron, seccionando también la médula. Zoe se desplomó en el suelo con un par de espasmos. Los pechos volvieron a quedar descubiertos. Estaba paralizada de cabeza hacia abajo. A pesar de la creencia popular, romper el cuello, incluso haciéndolo bien como hab'a sido el caso, no mataba instantáneamente. Ya no ten'a control sobre ninguno de sus músculos. Las v'as de aire estaban obstruidas. No pod'a respirar. Mov'a los ojos de un lado a otro, histérica. Boqueaba como un pez. Emit'a una especie de silbido, como una flauta rota y desafinada. Su asesino la ladeó. Hizo a un lado la falda del vestido. Por primera vez la cámara captó la zona vaginal, perfectamente depilada, manchada de semen e irritada. El hombre levantó la pierna desde la rodilla, se tumbó detrás. La penetró. Ella ni siquiera debió notarlo. No sent'a los pechos balancearse. Boqueaba más rápido cada vez. En algún momento pasaron de estar violando una mujer moribunda a follar con un cadáver. Cuando acabó, se corrió dentro, como los demás. Tras levantarse dejó caer la pierna. Zoe terminó con el cuerpo boca abajo sobre el suelo, pero la cabeza torcida innaturalmente, aún mirando a la cámara. La escena acabó con un primer plano del rostro desesperado, confuso, aterrorizado, y sin vida. Ni Christopher ni sus hombres pod'an creer lo que hab'an visto. Algunos miembros del equipo, para su vergüenza, hab'an llegado a excitarse con la violación. El asesinato les hab'a tomado tan por sorpresa como a la propia Zoe. Ni siquiera hab'an tenido tiempo para apartar la vista. Christopher hab'a guardado el archivo, iban a necesitarlo, pero lo cerró inmediatamente. -Joder. Joder. Siguió repitiéndolo cada vez más rápido. Sacudió la cabeza antes de serenarse. -De acuerdo. Tenemos a ese hijo de puta. Roberts, despierta a alguien para conseguir una puta orden. Connor, llama a la división para tener un equipo táctico listo. Los demás, dejad cuanto estéis haciendo. Quiero que localicéis a nuestras dos informadoras de inmediato. No hay ningún otro caso, ninguna otra tarea. Vamos a detenerlos a todos esta misma noche. ¿Por qué no estáis moviéndoos aún? ¡Vamos joder! Lauryn miró a los hombres armados. Esta era la parte complicada del asunto. Sab'a que iba a llegar en la misma medida que esperaba haberla evitado. Intentó evitar el temblor de piernas. Si notaban cualquier duda estaba perdida. Empujó un par de veces a Lacroix para ponerlo a andar. -Está bien. Si hacéis cualquier cosa, yo me pongo a disparar. ¿Entendido? Todos asintieron, especialmente cuando Lauryn obligó a Lacroix a ped'rselo amablemente. -Echaros los dos a la derecha. No quer'a darle la espalda a ninguno de ellos. Cuando les pasó por delante usó al rehén de escudo humano. Abrió con la pierna la puerta al exterior. Ya solo necesitaba caminar hasta el coche. No vio que hab'a otro hombre fuera. Este esperó hasta tener a su alcance la pistola, cuando Lauryn iba a pasar por su lado. La periodista solo vio movimiento por el rabillo del ojo. Quiso reaccionar, aunque fue tarde. Una patada lanzó el arma arriba. Lauryn lanzó un puñetazo al guardaespaldas. Este lo desvió con una mano, moviéndose a la vez para ganar la espalda. Rodeó el cuello de la mujer con su antebrazo derecho mientras usaba la mano izquierda para apretar la parte trasera de la cabeza, cortando circulación y respiración a la vez. Ella intentó separar el brazo tirando con ambas manos a la vez. Hac'a falta más fuerza. Buscó a ciegas la cabeza. Arañó el rostro, arrancando gritos de dolor, e intentó volver a retirar el brazo. Cuando falló, lanzó codazos, puñetazos. Todo era errático. Empezaba a sentir la cabeza ligera, viéndose incapaz de reunir un m'nimo de concentración. Ni siquiera se hab'a dado cuenta que las piernas llevaban ratos sin sostenerla. Tan solo segu'a incorporada porque el agresor la manten'a as'. Los ojos comenzaron a volverse hacia arriba. Intentó estirar la mano derecha adelante, buscando ayuda. Tras pocos segundos la bajó. Ambos brazos quedaron colgando de los costados. Luego todo se volvió oscuro. El guardaespaldas apretó un poco más. Miró a sus compañeros y a su jefe. -¿Le parto el cuello? Lacroix se arregló la corbata mientras sonre'a. -No. Es periodista. Una buena periodista. Ha seguido las pistas de su historia hasta nosotros. Dejémosla participar en nuestro final de temporada. Los guardaespaldas sonrieron como su jefe. Ataron pies y manos de la chica antes de meterla en el maletero de su propio coche. La noche estaba llegando a su fin.