Note: This story was dynamically reformatted for online reading convenience. Story_codes: snuff, torture, nc, fisting, ws Rebbeca aparcó el coche delante de casa. Ya estaba bien entrada la madrugada. El d'a de trabajo hab'a sido tan desagradable como siempre y, después, sus indagaciones a petición de Lauryn. Ten'a ganas de subir a su piso, quitarse unos pantalones vaqueros ajustados pero cómodos. Arrojar las botas marrones, casi sin tacón, al suelo para dar un pequeño descanso a los pies. Colgar la chaqueta de cuero color piel de la silla, y deshacerse del jersey verde oscuro. No ten'a demasiado claro si prepararse un largo baño de espuma, ya que apenas iba a dormir, o intentar conciliar el sueño durante unas pocas horas. Sab'a que olvidaba algo. Hab'a enviado sus pruebas a Christopher Valley, de asuntos internos. Hab'a le'do los mensajes de Lauryn. La muy lista se hab'a quedado encerrada en un armario mientras investigaba a Lacroix. No era su peor situación. Además, la propia periodista hab'a dicho que saldr'a por sus medios, as' no met'a en l'os a nadie. En realidad deb'a haber escrito solo para matar el tiempo. Definitivamente el repaso mental no fue nada fruct'fero. Solo cuando salió de veh'culo, un challenger, hizo memoria. Vio aparcada la vieja chatarra de Emma. La chiquilla estaba tan emocionada de participar en un caso que ni siquiera habr'a dormido. No estaba dentro del coche. Habr'a subido a esperarla en el piso. Con pocas ganas se encaminó hacia las escaleras. Al parecer la noche aún iba a ser más larga. Emma no estaba en el portal del edificio ni en la propia puerta del piso de Rebecca. -¿Quién sabe? - pensó - llevará horas aqu' y habrá ido a dar una vuelta. A diferencia de muchos insensatos, ella no guardaba la llave bajo el felpudo, as' que la joven no pod'a haber entrado. Rebecca, sin embargo, si pod'a hacerlo, y no espero más. Tampoco notó que la puerta estaba forzada, pues no lo estaba. Quien la esperaba dentro era un profesional y sab'a cómo pod'a y cómo no pod'a engañar a un polic'a, hombre o mujer. Ninguno entrar'a con la guardia baja en un piso con la puerta forzada. En lugar de eso hab'an dejado fuera de combate al casero y le hab'an robado las llaves a él. Mucho más sencillo. Rebecca entró sin percibir el peligro. Dejó las llaves, junto al móvil, en la mesilla de la entrada. Encendió la luz del salón. Entonces vio un juego de cámaras apuntando justo hacia la entrada. No eran suyas. Jamás las hab'a visto antes. Notó un hilo, tal vez de pesca, enrollarse en su cuello. Apretaba hasta cortarle la respiración. La detective no tuvo reflejos para agarrar el cable a tiempo. Un segundo hombre se colocó frente a ella, sonriendo. -Muy bien, rubita. A esto se juega as'. Nosotros te hacemos preguntas y, si nos gusta lo que... No terminó la frase. Rebecca lanzó una patada directa al estómago de aquel mal nacido. Quien la sujetaba desde atrás apretó más el garrote, pero se encontró con el codo hundiéndose en las costillas. Una debió romperse. El dolor fue suficiente para hacerle aflojar un poco y permitir a la detective agacharse, sosteniendo con ambas manos uno de los antebrazos. Consiguió proyectarlo por encima de su cabeza. A continuación intentó desenfundar la pistola. El agresor que intentaba interrogarla se repon'a. Agarró la pistola intentando quitársela de las manos. Rebecca barrió la pierna con la suya propia, tirándolo de nuevo de espaldas al suelo. El segundo se levantaba buscando desenfundar su pistola. La detective tuvo el tiempo justo para arrebatarle su arma al primero e intentar disparar. Un impacto en el hombro. Hab'a faltado tiempo para más. El interrogador consiguió dar una patada desde el suelo, también en el estómago, que hizo a Rebecca trastabillar hasta chocar con la mesilla y volcarla. Los dos individuos se incorporaron como pudieron a tiempo para salir corriendo por la puerta. Rebecca no dudó. Se levantó enfadada. Salió corriendo tras ellos tan aprisa que no recordó coger las llaves o el móvil. Solo sab'a que no deb'a dejarles escapar. La detective llegó a bajo a la carrera. Le faltaba el aire. A sus atacantes también deb'a faltarles. Uno de ellos estaba abriendo la puerta del coche de Emma mientras el otro se sub'a a un todo terreno negro conducido por un tercero. Disparó contra el que intentaba robar el veh'culo de su amiga. El primer disparo rompió la ventanilla. El hombre desistió, saltando por encima del capó, y alcanzando el todoterreno de sus compañeros. Rebecca siguió disparando sin conseguir otro blanco certero. No era tan fácil como en las pel'culas. Deb'a perseguirlos. Buscó las llaves en el bolsillo de su chaqueta. No estaban all'. Si sub'a los perder'a de vista. Vio que el indeseable hab'a dejado puestas las llaves del coche de Emma. Para ella, eso solo pod'a significar que la estaban reteniendo. El veh'culo era una auténtica cafetera con ruedas. Distaba mucho de ser el ideal para un persecución. Claro que esos tipos hu'an en un todo terreno resultaba igual de inútil para hu'r, al menos en una carretera bien asfaltada. Sin importar la potencia, necesitar'an frenar mucho antes de cada curva o volcar'an. Subió al coche sin saber que el cadáver de su joven amiga se encontraba en el maletero. Notó el asiento mojado, aunque ten'a demasiadas cosas en mente para darle importancia. No iba a dejarles ir. Nada de eso. Brenda aún estaba levantada. El dolor de la pérdida le dificultaba conciliar el sueño. Haber encontrado anomal'as en la agenda de su padre tampoco ayudaba demasiado. Estaba nerviosa. Inquieta. Pensar que su hermana pequeña pod'a haber sido asesinada solo para dañar las aspiraciones pol'ticas de alguien... carec'a de sentido. Ni siquiera se hab'a cambiado aún. Llevaba la misma camisa negra conjuntada con una falda que llegaba hasta debajo de las rodillas. En las piernas, además de los zapatos negros de rigor, con unos cent'metros de tacón, llevaba medias de color oscuro. En realidad vest'a de luto, pero una mujer tan hermosa como ella habr'a estado sexi con cualquier ropa, y esa, sin ser ajustada, marcaba bien sus generosos pechos, algo más pequeños que los de Kate, y un espléndido trasero. Alguien llamó a la puerta del ático. Era extraño, ¿Quién iba a llamar a esas horas? Se acercó para mirar por la mirilla. Reconoció al hombre. Era el jefe de seguridad de su padre. No recordaba si se llamaba James, Johnes, o algo as'. Su padre deb'a haberlo enviado. Si es cierto que lo chantajeaban, no querr'a correr riesgos. Brenda quitó la cadena de la puerta. Abrió dispuesta a decirle que no necesitaba escolta. Cuando sus labios se separaron para hablar, el hombre le puso un pañuelo en el rostro cubriendo nariz y boca a la vez. La empujó hacia atrás hasta retenerla contra una pared. En todo ese tiempo Brenda forcejeó. Intentó quitar el pañuelo de la cara. Intentó empujar o golpear a su agresor. Todo eran esfuerzos erráticos. No estaba preparada para defenderse. Además, el cloroformo empezaba a hacer efecto. Intentó mantener los ojos abiertos, sostenerse en pie. Fue resbalando por la pared hasta caer sentada al suelo. Transcurrieron pocos segundos hasta dejarla inconsciente. Lauryn observó a Lacroix, por fin levantarse de la cómoda silla frente al ordenador. Fue directo al servicio. Comenzó a escucharse el agua de la ducha. Esta era su ocasión para escapar. Salió despacio del armario. Se quitó los zapatos para no hacer ruido. Solo necesitaba recorrer unos pasos hacia la puerta. Se detuvo a mirar el ordenador. Aquello no pod'a ser solo porno, nadie lo ocultar'a as'. Ten'a que ser más comprometedor. Ya llevaba uno de los DVDs en el bolsillo, pero all' ten'a uno puesto. Se acercó hasta el monitor. Pulso el botón de "play" en el programa de reproducción. El video no ten'a créditos. Tampoco era porno amateur, la imagen era de alta calidad, n'tida, cómo la de varias cámaras profesionales. La pel'cula empezaba con tres chicas jóvenes arrodilladas en un césped. Las reconoció. Eran Kate y sus dos amigas, Jamie y Alex. Jamás hubiera imaginado lo que estaba a punto de ver. UNOS DÍAS ATRÁS Kate y Alex no sab'an que Jaimie ya hab'a muerto. Ten'an sus propios problemas. Kate yac'a sobre uno de los hombres, cabalgándolo contra su voluntad, mientras otro la penetraba salvajemente por el ano. Un tercero le hac'a chupársela. Sus grandes senos se estrujaban contra el pecho del primer agresor. Desbordaban por ambos lados. Ya era bastante doloroso ser violada, y bastante humillante que la obligasen a hacer el trabajo. Cualquiera de las dos cosas habr'a bastado para hacerla llorar. Y lloraba, claro que lloraba, pero además sent'a como estaban destrozando su culo. Gritaba cada vez que el pene en la boca le dejaba espacio. No se atrev'a a morder. Sent'a demasiado miedo. Solo quer'a que todo acabase pronto. Al lado, Alex ya no protestaba. Estaba tumbada en el suelo, de costado, apoyando una pierna en el césped mientras la otra se encontraba casi sobre el hombro de su violador, que segu'a follándosela a pesar de haber eyaculado algunas veces. Se agitaba de adelante a atrás, con las manos atadas a la espalda. Ten'a una mueca de dolor constante, pero la mirada perdida. De vez en cuando se escuchaba algún rezo por su parte, pero eso era todo. Se dejaba hacer. No reparó en la llegada de otro hombre, quien hab'a ido hacia el jacuzzi arrastrando a Jamie con él. -Esta puta se va a dormir- Dijo el recién llegado. -Pues tengo una idea para despertarla- Respondió el otro tras correrse una vez más - Ayúdame a ponerla a cuatro patas. Alex lo escuchó. Forcejeó un poco sin demasiado entusiasmo. Cre'a que ya no pod'an dañarla más. Se sent'a sucia, dolorida. Por supuesto no pod'a ponerse a cuatro patas, no con las manos atadas a la espalda. Apoyó las rodillas en el suelo. El rostro, aún de medio lado, soportó el resto del peso. Sus pechos, también grandes y firmes, tocaban el césped hasta reposar parte del peso en él. Kate sintió un vac'o en el trasero. Pensaba que dejar'a de dolerle cuando le sacaran el miembro del ano, pero fue tan rápido que incluso su violador debió sufrir un poco. Hab'a sido el último en correrse. Ten'a la vagina y el ano llenas del semen de esos indeseables. El que forzó su linda boquita le hab'a obligado a tragar sin dejar caer ni gota. Sent'a arcadas. Esperaba un descanso que nunca llegó. Intentaba gatear lejos cuando uno de ellos apoyó el pie en el costado y empujó con fuerza, haciéndola caer al suelo. Entre todos la giraron para quedar boca arriba. Durante un momento la contemplaron. Un ángel rubio de pechos casi perfectos, de mirada inocente, de rostro amable. Tardó unos segundos en reparar en su propia desnudez. Era un poco absurdo a esas alturas, pero agarró una teta con cada mano, intentando cubrirlas, y cruzó las piernas para no dejar a la vista la vagina. Un pequeño charco de semen bajo ella la delataba. Incluso en su estado, llorosa, sin fuerzas, ped'a que las dejasen ir. Ped'a que dejasen en paz a Alex. Preguntaba donde hab'an llevado a Jaimie. Solo consegu'a hacer sonre'r de forma maliciosa. Por toda respuesta, los violadores acercaron una de las cámaras para capturarla bien. Después se posicionaron alrededor. Comenzaron a masturbarse apuntando sus pollas hacia ella. Alex gritó súbitamente. Intentó alejarse empujando con ambas piernas, pero uno de aquellos dos hombretones la sujetaba. El otro forzaba la mano entera en la vagina. La chica jamás hab'a imaginado que tanto dolor fuese posible. Gritaba con fuerza hasta hacerse daño en la garganta. La mano, una vez dentro, fue tomando la forma de puño. El violador comenzó a moverla adelante y atrás, con poco recorrido, pero haciendo tanta fuerza en la embestida que parec'a estar intentando golpearla. Alex ni siquiera parpadeaba. Estaba all', con la boca abierta, derramando saliva y lágrimas, No se ve'a capaz de aguantar ese suplicio un segundo más, pero segu'a y segu'a. Kate se incorporó al escuchar los gritos de su amiga. -¡Alex! Uno de los hombres apoyó el pie en el hombro obligándola a tumbarse de nuevo. Ya estaban comenzando a correrse. Le salpicaban en todo el torso y en el rostro. Intento cubrirse la cara por reflejo, dejando libres as' los senos. También comenzaron a recibir lo suyo. Alex levantó la vista. ¿Por qué no pod'a al menos desmayarse? Miró entonces hacia el jacuzzi. Vio las piernas de Jaimie colgando del bordillo, pero ten'a el torso sumergido. No se mov'a. -¡Jaimie!- Giró el rostro hacia donde ultrajaban a Kate. -¡Kate! Sintió algo fr'o y afilado en el cuello. Un gran dolor de un lado a otro. Miró hacia el suelo. Un l'quido rojizo empezaba a encharcar el césped. Notó un sabor extraño en la boca. Al escupir cayó más de ese l'quido rojo. Escuchó a Kate gritando su nombre. El dolor del cuello creció hasta hacer olvidar el fisting al que aún la somet'an. Ya no hab'a nada más en el mundo. Volvió a desplomarse en el suelo, boqueando como un pez. Tras unos espasmos sus ojos se apagaron. Segu'an abiertos, pero ya no mirar'an nada más. -¡Alex!, ¡Cabrones!, ¡Alex! Kate gritaba sin dar crédito a sus ojos. Su amiga se estaba desangrando como un cerdo en el matadero. ¿Por qué? Entonces se dio cuenta de la prolongada ausencia de Jaimie. No la encontró por ningún lado. Supo que era la última. Iban a matarla all'. Dejar'an su cuerpo, mancillado y lleno de semen, all' tirado. Como basura en la acera. Intentó revolverse. La agarraron por los brazos, abriéndolos en cruz. Ella temblaba de miedo. Daba patadas al aire -No. ¡Por favor!, ¡no me matéis!, ¡No, no, no, no! Uno de los hombres se arrodilló frente a ella y clavó un cuchillo en el estómago. Lo retorció antes de sacarlo. No arrebató las fuerzas de Kate, pero los tres siguientes la dejaron tan dolorida que ya no pod'a moverse. Por fin le soltaron los brazos. Intentó agarrarse las heridas, mantener la sangre y las tripas dentro. Mientras tanto los cinco la rodearon. Algunos siguieron masturbándose, los más saciados incluso comenzaron a orinar en el rostro y las tetas. Kate negaba con la cabeza. Pocos segundos después dejó de hacerlo, dejó de temblar. Fue el momento en que acabó el v'deo. UNOS DÍAS DESPUÉS Lauryn estaba conmocionada. Solo deb'a haber echado un vistazo e irse, pero se encontró tan sorprendida que no pudo moverse. No pod'a creer lo que acababa de ver. Iba a llamar a la polic'a en ese mismo instante. Escuchó pasos salir del baño. Lacroix estaba desnudo. La miró sorprendido. -¿Quien? Lauryn no esperó más. Salió corriendo hacia la puerta. Lacroix corrió hacia el teléfono. -Una intrusa. No puede salir de aqu'.