Note: This story was dynamically reformatted for online reading convenience. Keywords: rape snuff anal incest UNOS DÍAS ATRÁS -¿Y conseguiste tenerlo todo el d'a de un lado para otro? - preguntó Kate -Bueno... necesitaba el coche para ir de compras - respondió Jaimie -No puedo creerlo. ¿No se quejó? -Claro que no - Jaimie sonrió - él pensaba que tendr'a... su recompensa, después de la fiesta. Alex y Kate intercambiaron miradas. El relato de Jaimie les parec'a sorprendente. Un chico de la universidad, un niño bien, haciendo de chófer todo el d'a para su amiga. No era la primera historia que les contaba. Viniendo de otra habr'an pensado que se lo inventaba o que estaba exagerando, pero conoc'an bien a Jaimie y la hab'an visto haciendo cosas similares antes. Ten'a talento para aprovecharse de los pobres incautos que cre'an tener alguna oportunidad con ella. -Sigues siendo una zorra, Jaimie Por supuesto Kate no intentaba ofenderla. Las dos rieron tras el comentario. -Vamos, ¿vosotras no hacéis lo mismo? - Alex negó con la cabeza - Pues deber'ais. No iba a acostarme con un tipo as'. En el fondo las tres queremos lo mismo, pero hasta que llegue ese chico guapo e inteligente, que no se deje engañar con tanta facilidad, ¿por qué no utilizar a los más tontos? Se lo tienen bien merecido. Para Alex era caer muy bajo. Cre'a que Jaimie era demasiado altiva, pero al fin y al cabo estaba siendo cruel. ¿No era mejor rechazarlos sin más?, as' al menos nadie sal'a "herido". Kate sent'a algo entre la admiración y la desaprobación. Por un lado le parec'a mal tratar as' a la gente. Por otro lado resultaba incre'ble la facilidad con la que su amiga consegu'a manipular a los demás. -Bah, da igual. - Jaimie hizo un gesto con la mano derecha, quitando importancia al asunto. - Dime, Kate, ya has encontrado sustituto para el idiota de Bob. Kate se sobresaltó un poco por la falta de tacto. Aún le dol'a que Robert la hubiese dejado. Pod'a comprenderlo, a ella tampoco le hac'a gracia sentirse observada todo el d'a. Sin embargo hab'a esperado un poco más de quien fue su novio desde el instituto. -No, no hay nadie - respondió con tristeza. -Bueno, ya te buscaremos a alguien en la fiesta de mañana. -Yo cre'a que la organizábamos para desvirgar a Alex - respondió Kate entre sonrisas, cambiando rápidamente su estado de ánimo. -¡Hey! - Alex alzó la cabeza sobresaltada. - ¿Qué estás diciendo? -Vamos vamos - Kate apoyó la mano en el hombro de su amiga. - Solo te tomaba el pelo. -Si, ya, mira como me rio - Alex se levanto mientras hablaba. - Voy a por un refresco. ¿Os traigo algo? Ninguna de las dos quer'a nada en ese momento. Alex entró en la cocina de la mansión. Escuchaba a sus amigas de fondo, intercambiando bromas y anécdotas. En realidad se divert'a mucho con ellas, pero se alejaba cuando comenzaban a hacer cierto tipo de bromas a su costa. Además, es cierto que ten'a sed. Cuando iba a abrir la nevera escuchó algo en el pasillo de la entrada. No recordaba si hab'an cerrado las ventanas. Decidió asegurarse. Lo último que quer'a era pasar toda la noche despertándose a cada golpe de viento. Al girar la esquina que daba al pasillo se topó de frente con un hombre alto, musculoso. Vest'a pantalones y camisa negros. Llevaba botas militares. Su presencia habr'a sido bastante amenazante en cualquier lugar. En aquel pasillo mal iluminado por las últimas horas de sol, invadiendo el edificio, simplemente resultó aterrador. Iba a gritar del susto. No tuvo ocasión. Recibió un fuerte puñetazo en el estómago. El puñetazo habr'a bastado para inmovilizar a un profesional. Alex no era profesional. Jamás le hab'an puesto la mano encima. Durante toda la vida no hab'a conocido más que el cariño y la amistad. Su mente no estaba preparada para enfrentarse a una agresión como esa. Cayó de rodillas al perder la respiración, con ambas manos sujetándose el vientre. Iba a intentar levantarse cuando recibió una patada en el pecho que la hizo caer de espaldas en el suelo. Aún sin poder respirar, contempló cuatro hombres más, todos vestidos de igual forma, pasar por su lado. El que la hab'a golpeado la obligó a darse la vuelta, quedando boca abajo en el suelo, y ató sus manos rápidamente con una brida. Aunque segu'a aturdida por los golpes, su agresor la levantó del suelo bruscamente, haciéndola caminar, o más bien trastabillar, de nuevo hacia el jard'n interior. Kate y Jaimie segu'an hablando tranquilamente cuando escucharon el ruido de Alex al caer al suelo. Kate se giró hacia atrás intentando ver a su amiga. No estaba en la cocina -¿Alex? Al no obtener respuesta, Jaimie también miró hacia atrás. -Vamos dentro. Tal vez se le haya ca'do algo. Kate asintió y ambas se levantaron. Entraron por la misma puerta que su amiga un par de minutos antes. Jaimie iba delante. No pudo hacer nada cuando un hombre grande y fuerte salió desde las sombras, la agarró por el cuello, y la llevó hasta la pared. Ella intentó defenderse, golpear a su atacante. Pataleó, arañó, e intentó morder. No consiguió aflojar la presa que le cortaba la respiración. El dolor y la desesperación fueron a peor cuando, en un alarde de fuerza, el hombre la levantó un poco del suelo, cargando casi todo el peso en el cuello. Las piernas de Jaimie comenzaron a moverse frenéticamente. Sus manos agarraron el antebrazo del agresor intentando moverlo. De nada sirvió. Fue perdiendo fuerzas hasta que las piernas apenas se agitaban un poco y los brazos cayeron inertes a ambos lados del cuerpo. La lengua asomaba entre los labios. Un acto reflejo del cuerpo para intentar dejar más espacio a la entrada de aire. Los ojos, llenos de lágrimas, comenzaban a girarse hacia dentro. Un chorro de orina se deslizó entre ambos muslos. Justo entonces, cuando la oscuridad comenzaba a adueñarse de ella, el hombre la soltó. Jaimie cayó al suelo de bruces, deslizándose por la pared, hasta acabar sentada en un charco de su propia orina. Hab'a quedado medio inconsciente. Durante todo el asalto Kate no pudo ayudar. Hab'a entrado justo después de su amiga, tan solo un par de pasos por detrás. En el mismo instante que cruzó el umbral se encontró con un revolver apuntándole al corazón. El cañón del arma se clavó entre ambos pechos, apretando aún más la camisa. Kate sintió tanto miedo que fue incapaz de moverse. Fue testigo de la desesperada lucha de Jaimie sin poder hacer más que suplicar. -¡Suéltala! - por respuesta solo consiguió algunas carcajadas de los cuatro hombres. - ¡La vas a matar! No sirvió de nada. Mientras gritaba vio al cuarto hombre obligando a caminar a Alex. La pobre parec'a aturdida, incapaz de mantenerse en pie si no la sujetasen. Al final Jaimie también cayó al suelo. No pasaron ni cinco segundos antes de encontrarse las tres juntas en el centro del jard'n. Kate hab'a gritado pidiendo ayuda. No iba a escucharla nadie. La finca estaba demasiado alejada de la civilización. Tanto Alex como Jaimie ten'an las manos atadas a la espalda. Los hombres no se hab'an quedado quietos. Hab'an montado una serie de cámaras sobre tr'podes, cubriendo casi todo el jard'n. Cuando acabaron comenzaron a desnudarse. -¡Esperad!, ¡¿Qué estáis haciendo?! En el fondo Kate lo sab'a. No hab'a muchos motivos posibles para colocar cámaras y desnudarse. Simplemente se aferraba a la negación. No pod'a aceptar lo que estaba apunto de ocurrirle. UNOS DÍAS DESPUÉS Lauryn bajó del pequeño coche justo al impresionante edificio. Vest'a con una combinación de ropa elegante y sexy. Una camisa marrón muy oscuro, casi negra, no demasiado ceñida. Una falda por encima de la rodilla, de color beige. Completaba el conjunto con unos pantis negros y zapatos también negros de tacón no demasiado alto. El bloque de apartamentos quitaba el hipo. No quer'a imaginarse cuanto costaba cada apartamento all', mucho menos el ático. -Supongo que no son malos tiempos para todos Otros periodistas ya hab'an intentado hablar con Brenda Lacroix. La joven no les hab'a dicho nada relevante. Lo cierto es que parec'a traumatizada por la noticia, cómo era de esperar. Más sorprendentes resultaban las noticias que Rebecca le hab'a enviado minutos atrás. No hab'a ningún detective de homicidios asignado al caso. Oficialmente la investigación corr'a por cuenta del propio comisario. Rebecca cre'a que estaba haciendo un trabajo horrible. Hab'a dado por buena la versión del robo desde un primer momento. Ni interrogatorios, ni un trabajo serio. Aquello hab'a hecho que Rebecca comenzase a sospechar. No pod'a acusar de incompetente a un superior, no as' como as', necesitaba más pruebas. Tampoco pod'a estar siempre cerca, levantar'a sospechas sobre su persona. Por suerte hab'a encontrado otro método. Una agente joven, recién ascendida a inspectora, de nombre Emma. De hecho por ahora hac'a poco más que el papeleo de los detectives más veteranos. El padre de Emma hab'a sido el instructor de Rebecca, su primer compañero, as' que pod'a fiarse de ella. Además, no hab'a pedido nada demasiado peligroso, solo que indagase un poco. Lauryn llamó al timbre. No habr'a sido la primera vez que forzaba una puerta para entrar, pero solo lo hac'a para conseguir pruebas, no para hablar con los familiares de una pobre muchacha violada y asesinada. Aún as', la paciencia no era su mejor virtud. Le enervaba esperar durante mucho tiempo sin hacer nada. Cuando la puerta se abrió reconoció inmediatamente a Brenda Lacroix. Nunca se hab'an visto en persona antes, pero no hac'a falta. Ante ella se encontraba una de las mujeres más hermosas que pudiese recordar. El cabello era largo hasta la cintura, liso, de color rubio. Sus ojos verdes como esmeraldas. El rostro, aunque algo hinchado por el llanto, era hermoso. Redondeado como el de su amiga Rebecca, pero a la vez anguloso y más refinado. Los pechos del tamaño justo, ni muy grandes ni muy pequeños. Lauryn la esperaba más baja. Se equivocaba, sin tacones deb'a medir cerca de un metro setenta y cinco. Vest'a de negro, falda larga y camisa. Su rostro reflejaba tanto dolor que Lauryn sintió lástima al instante. Necesito reunir fuerzas para comenzar a preguntar. -Me llamo Lauryn y soy... -Ya lo sé - Cortó Brenda. - He seguido tu trabajo. Brenda, además de guapa, era muy lista. Su padre le hab'a ofrecido un puesto en la organización de la campaña, pero lo hab'a rechazado. La pol'tica le desagradaba profundamente. -Sé que es mal momento, pero vengo a preguntar por No pudo acabar la frase. El bello rostro de Brenda se llenó de irá en unos instantes. -¡Claro!, unas cuantas fotos para vender más revistas. Y yo pensando que eras una periodista seria. Lauryn alzó los brazos casi en posición defensiva. Durante unos instantes temió un bofetón. Tampoco habr'a sido el primero. -No. Nada de eso. Pero creo que deber'as escuchar algo. Aunque reticente, Brenda accedió. Lauryn no supo si era porque parec'a lo bastante sincera o porque la pobre estaba demasiado triste para "pelear". Durante los siguientes minutos, ya dentro del ático, Lauryn le explicó las incoherencias. Evitó los detalles escabrosos. Los periodistas como ella pod'an tener fama de insensibles, pero en su caso no era as'. Le contó las contradicciones entre el informe del forense y la versión de la polic'a. No le habló de la inacción del comisario. No quer'a que la joven utilizase sus recursos para remover un avispero. Estas cosas deb'an hacerse bien. Durante el relato, la periodista notó muchos matices en las reacciones de Brenda, casi todos previsibles. Dolor, asco, más ira. Sin embargo le llamó la atención algo. Fue solo un segundo. Es como si Brenda hubiese ca'do en algo de golpe, encajado un par de piezas. -D'melo Brenda miró algo sobresaltada a Lauryn -Has pensado algo, pero quieres ignorarlo. -No... no es nada. -Escucha... la polic'a está muy perdida en esto. Da igual si vas tú, si voy yo, o si vamos las dos. No cambiará nada. Yo puedo ayudar, pero necesito alguna pista para salir del callejón sin salida. Cualquier cosa me puede servir. Brenda siguió pensando un poco antes de hablar. -Es una tonter'a. Cuando se lo dijeron a mi padre, yo estaba con él. Todos nos hundimos. Fue tan repentino. Pero él... su reacción no pareció tan espontánea. ¿Y si fue para herirle a él? No se puede llegar tan alto sin enemigos. - Se levantó de golpe. - Voy a preguntarle. Lauryn casi tuvo que quitarle el teléfono de las manos. -No. Si tiene enemigos, no te metas. Ya me has ayudado a m' - Estrechó las dos manos de Brenda. - Ya tengo un camino que seguir, la primera migaja de pan. Poco tiempo después, Lauryn estaba de nuevo en el coche ordenando las ideas. Albert Lacroix hab'a sido investigado en profundidad los últimos meses. Si alguien quer'a hacerle daño hasta ese punto, los indicios no estaban a plena vista. Tendr'a que utilizar medios más directos. Al parecer acabar'a forzando alguna puerta de todos modos. En el ático, Brenda segu'a pensando en ello. Aún recordaba la descripción de los hechos. Kate violada, ultrajada, y asesinada. No pod'a dejarlo estar.